jueves, 13 de junio de 2019

Hell under water.

Estamos unidos, pero en la Muerte. Unidos en esa parte escorpiana, plutónica, de nuestras almas.
En el fondo de los fondos de los océanos de este planeta, lejos y hundidos, yo soy la luz de dentro de la Tierra y tú el agua.
Estamos separados, también unidos, jamás juntos.
Nunca podré llegar a ti de esa manera porque no puedo iluminarte, por los poros de tu piel no paso. Tu piel está hecha a la noche, a caminar por las paredes de una habitación cerrada, como una araña, entre penumbras.
Eres más sombra que hombre y ni mis dedos ni mi entendimiento llegan hasta ahí. ¿Tu entendimiento llega hasta mí?
Menos mal que aquí estamos apartados el uno del otro por el tiempo, sino, después de todas las experiencias, tu alma habría acabado absorbiendo la mía.
La mía se habría dejado absorber, sucumbida, enamorada de la oscuridad.
Tu hambre habría roto todas las leyes, yo habría sido partida, degollada, sacrificada, suicidada.
Habría sido inevitable impedir los trágicos finales que puede desencadenar en la realidad una sola perturbación del equilibrio universal, que es sagrado e infranqueable.
Jamás habría pasado.



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