Pocas veces lo soy todo para mí. Otras no me siento nada. A veces me veo grande y alta, otras escurrida, esmirriada. Hay veces en las que podría levantarte la voz, dar con el puño en la mesa, arder en llamas y odiar, odiar... hasta consumirme en mi propia garganta. Pero no, la mayoría de veces solo callo, asiento, hago como que te entiendo, y te perdono. Pues de ese modo se podría evitar cualquier tipo de herida, de dolor, de guerra. Podría comerme el mundo y todo eso, pero a veces alguna fuerza me falla. Y me detesto, me odio, me siento una vergüenza y me recojo en la cama. Para no cuestionarme más, intento no hacer nada. De tanto luchar con el sol y la sombra hay veces que se me cae el aliento al suelo y sencillamente me quedo parada: ni veo ni escucho ni quiero ser, solo...
sábado, 20 de julio de 2019
miércoles, 17 de julio de 2019
Si el diablo tiene piedad...
Si el diablo tiene piedad
con nosotros,
con nosotros,
dejará que la abrasadora e hirviente luz
que ha quemado y curado
el escozor y la sangre de mis heridas
sea eclipsada por tu extraño cuerpo
para que después,
de mi carne y mis huesos,
queden polvo y joyas
que tú puedas guardar en el pecho.
martes, 9 de julio de 2019
Un balcón, ¿qué está pasando abajo?
Lo que escribo a continuación puede parecer bastante más dramático de lo que es en realidad, porque tampoco lo sufro tanto. Pero así es mi vida.
Los cambios tanto los necesito y me gustan como me hacen sentir toda la inseguridad que aún habita en mí, como una garrapata agarrada a mis espaldas desde el día en que nací.
Estoy luchando contra ello todos los días. Me hace preguntarme si realmente valgo lo que valgo, solo por dudar justamente de ello, y por balancearme de continuo entre el respetarme a mí misma y no.
No soy capaz de tomar decisiones firmes, porque no entiendo del todo el valor de la existencia. En mi adolescencia llegó un momento en el que esa especie de control remoto que hace moverse a las personas por una razón inexacta a través de la vida, dejó de funcionar. Algo de esperanza o, mejor dicho, procrastinación, se atisbaba en un rincón de mi mente, porque sabía que "la vida es larga". Por eso nadie me veía del todo mal.
Y ahora esta decisión tan aparentemente simple por lo mismo que tiene de radical, que se resume en una sencilla frase: "me mudo a este otro país", está conllevando ponerme a prueba en varias cuestiones: ¿vale la pena correr un riesgo tan grande por tu felicidad?, ¿realmente la vale tener que trabajar tanto por ti mismo y apostar por la vida?, ¿no sería más fácil morirme en esta cama en esta ciudad, y ya está?
Es la prueba mirándome fijamente de frente y el gran miedo a la incertidumbre, mezclados con la energía de ser joven y las ganas de romper con lo conocido lo que me tiene abrumada estos días.
Me siento de nuevo deprimida y pensando en si la ignorancia que siento respecto a las cosas, cuando no estoy así, es un simple velo para no sufrir más de lo que debería, ¿soy débil? No, lo que pasa es que no es tan fácil ser feliz.
Los cambios tanto los necesito y me gustan como me hacen sentir toda la inseguridad que aún habita en mí, como una garrapata agarrada a mis espaldas desde el día en que nací.
Estoy luchando contra ello todos los días. Me hace preguntarme si realmente valgo lo que valgo, solo por dudar justamente de ello, y por balancearme de continuo entre el respetarme a mí misma y no.
No soy capaz de tomar decisiones firmes, porque no entiendo del todo el valor de la existencia. En mi adolescencia llegó un momento en el que esa especie de control remoto que hace moverse a las personas por una razón inexacta a través de la vida, dejó de funcionar. Algo de esperanza o, mejor dicho, procrastinación, se atisbaba en un rincón de mi mente, porque sabía que "la vida es larga". Por eso nadie me veía del todo mal.
Y ahora esta decisión tan aparentemente simple por lo mismo que tiene de radical, que se resume en una sencilla frase: "me mudo a este otro país", está conllevando ponerme a prueba en varias cuestiones: ¿vale la pena correr un riesgo tan grande por tu felicidad?, ¿realmente la vale tener que trabajar tanto por ti mismo y apostar por la vida?, ¿no sería más fácil morirme en esta cama en esta ciudad, y ya está?
Es la prueba mirándome fijamente de frente y el gran miedo a la incertidumbre, mezclados con la energía de ser joven y las ganas de romper con lo conocido lo que me tiene abrumada estos días.
Me siento de nuevo deprimida y pensando en si la ignorancia que siento respecto a las cosas, cuando no estoy así, es un simple velo para no sufrir más de lo que debería, ¿soy débil? No, lo que pasa es que no es tan fácil ser feliz.
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