Lo que escribo a continuación puede parecer bastante más dramático de lo que es en realidad, porque tampoco lo sufro tanto. Pero así es mi vida.
Los cambios tanto los necesito y me gustan como me hacen sentir toda la inseguridad que aún habita en mí, como una garrapata agarrada a mis espaldas desde el día en que nací.
Estoy luchando contra ello todos los días. Me hace preguntarme si realmente valgo lo que valgo, solo por dudar justamente de ello, y por balancearme de continuo entre el respetarme a mí misma y no.
No soy capaz de tomar decisiones firmes, porque no entiendo del todo el valor de la existencia. En mi adolescencia llegó un momento en el que esa especie de control remoto que hace moverse a las personas por una razón inexacta a través de la vida, dejó de funcionar. Algo de esperanza o, mejor dicho, procrastinación, se atisbaba en un rincón de mi mente, porque sabía que "la vida es larga". Por eso nadie me veía del todo mal.
Y ahora esta decisión tan aparentemente simple por lo mismo que tiene de radical, que se resume en una sencilla frase: "me mudo a este otro país", está conllevando ponerme a prueba en varias cuestiones: ¿vale la pena correr un riesgo tan grande por tu felicidad?, ¿realmente la vale tener que trabajar tanto por ti mismo y apostar por la vida?, ¿no sería más fácil morirme en esta cama en esta ciudad, y ya está?
Es la prueba mirándome fijamente de frente y el gran miedo a la incertidumbre, mezclados con la energía de ser joven y las ganas de romper con lo conocido lo que me tiene abrumada estos días.
Me siento de nuevo deprimida y pensando en si la ignorancia que siento respecto a las cosas, cuando no estoy así, es un simple velo para no sufrir más de lo que debería, ¿soy débil? No, lo que pasa es que no es tan fácil ser feliz.
Los cambios tanto los necesito y me gustan como me hacen sentir toda la inseguridad que aún habita en mí, como una garrapata agarrada a mis espaldas desde el día en que nací.
Estoy luchando contra ello todos los días. Me hace preguntarme si realmente valgo lo que valgo, solo por dudar justamente de ello, y por balancearme de continuo entre el respetarme a mí misma y no.
No soy capaz de tomar decisiones firmes, porque no entiendo del todo el valor de la existencia. En mi adolescencia llegó un momento en el que esa especie de control remoto que hace moverse a las personas por una razón inexacta a través de la vida, dejó de funcionar. Algo de esperanza o, mejor dicho, procrastinación, se atisbaba en un rincón de mi mente, porque sabía que "la vida es larga". Por eso nadie me veía del todo mal.
Y ahora esta decisión tan aparentemente simple por lo mismo que tiene de radical, que se resume en una sencilla frase: "me mudo a este otro país", está conllevando ponerme a prueba en varias cuestiones: ¿vale la pena correr un riesgo tan grande por tu felicidad?, ¿realmente la vale tener que trabajar tanto por ti mismo y apostar por la vida?, ¿no sería más fácil morirme en esta cama en esta ciudad, y ya está?
Es la prueba mirándome fijamente de frente y el gran miedo a la incertidumbre, mezclados con la energía de ser joven y las ganas de romper con lo conocido lo que me tiene abrumada estos días.
Me siento de nuevo deprimida y pensando en si la ignorancia que siento respecto a las cosas, cuando no estoy así, es un simple velo para no sufrir más de lo que debería, ¿soy débil? No, lo que pasa es que no es tan fácil ser feliz.
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