Es el séptimo día que estoy aquí.
Ya parece que el tiempo por momentos se detiene y el paso de las horas pesa cada vez más y más. Lo único que me anima es cuando llega la hora de comer algo: a las nueve, a la una, a las cinco, a las ocho y, por último, junto con la pastilla de la noche, un Colacao y galletas, a las once. Me anima eso y poder hacer cualquier cosa que se me ocurra en medio de esta nada para entretenerme el mayor rato posible. Y ya estoy cansada de ojear revistas una y otra vez. Cansada de las aburridas sopas de letras, de dormir sin necesidad, de querer escapar ya.
He conocido a gente y me he reído con ellos: William, de origen Cabo Verde nacido en el Bierzo; Ernesto, un hombre simpático y muy gracioso al que no he visto en sus peores momentos; Natalia, una mujer muy bella, traída aquí por el alcohol, y Mercedes. Mercedes es una señora de unos 80 años, hermosa, con cara de muy buena, una mirada brillante y un andar adorable. La primera vez que la vi me cogió dulcemente de la mano y me preguntó si iba con ella "a la piscina".
Carlos es el señor quejica más gracioso que he visto jamás, siempre con dolencias, siempre "fatal, fatal, fatal", pero al mismo tiempo también tremendamente adorable y un muy buen corazón a simple vista.
Javier el hombre más callado, reflexivo, observador y taciturno.
Aquí la impaciencia me patea más que de costumbre. No sé cómo llevarla, cómo calmarla. La noto como un sentimiento de angustia infantil, un nerviosismo inmaduro, pero no es demasiado grave. De todas formas supongo que es normal, no debo ser la única... si aquí no hay mucho que hacer, salvo tener que tranquilizarte a la fuerza. Ya he escrito un poema, he hecho dibujos, he tirado escritos a la basura y tirado dibujos a la basura; he hablado con la gente que apreciaré mucho en mi memoria, recortado revistas, leído lo que mi concentración me ha permitido, observado cosas... Es muy agotador sentirte estar haciendo nada. (Realmente no estaba no haciendo nada, estaba saneando mi mente.)
Las horas pesan y pesan y pesan. ¿Qué haré hoy el resto de la tarde? Qué bajón. Solo pienso en salir y eso en nada lo mejora...
Tengo ganas de que me vuelva a dar el sol, el viento, el calor y el frío de la calle. De volver a escuchar música con los cascos, comer lo que yo quiera, comprarme un pastel de chocolate al salir de aquí, comprar cualquier cosa. Ganas de teñirme el pelo otra vez, de maquillarme y vestirme para salir a sentarme en la barra del mismo bar..., hacer ejercicio, hacer la compra sana en el Mercadona... Y lo más importante: ganas de vivir. Ganas de empezar mi propia historia con mi propio bolígrafo y mis propias hojas en blanco, en Luxemburgo, estudiando y trabajando.