Si el diablo tiene piedad
con nosotros,
con nosotros,
dejará que la abrasadora e hirviente luz
que ha quemado y curado
el escozor y la sangre de mis heridas
sea eclipsada por tu extraño cuerpo
para que después,
de mi carne y mis huesos,
queden polvo y joyas
que tú puedas guardar en el pecho.
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