Hay mucha comodidad en abandonarse y creer que uno no puede lograr sus metas. Es tentador, pero, ¿por qué realmente? Si en realidad no conseguir las cosas por las que lucharíamos no nos hace sentir mejor, nos estanca, nos deja en letargo... El ser humano busca el mínimo esfuerzo, ahorrar energías a toda costa, pero si no las invertimos para de ese modo incrementarlas y lo que hacemos en realidad es, de manera paradójica, invertir energía en no gastar la que tenemos y así nos consumimos a nosotros mismos, volviéndonos improductivos, no avanzamos. ¿Por qué entonces la mayoría elige quedarse quieto y conformarse? Qué beneficio mayor puede haber en autoconsumirse comparado con el que hay en crecer personalmente? El miedo a lo desconocido es un factor importante, porque nos mantiene seguros dentro de lo que nos es familiar y eso nos ayuda a sobrevivir. Al final resulta ser todo dos caras de una misma moneda, podemos avanzar voluntariamente y enfrentarnos a los nuevos paradigmas, o podemos quedarnos en nuestra zona de confort, extendiendo los procesos por los que tendremos que pasar tarde o temprano y, además, de manera más dolorosa, pues nos veremos forzosamente obligados a cambiar aspectos de nosotros. Se trata de armarse de valor y optar antes por el instinto espiritual que el animal, a pesar de que este mundo, por cómo está maquinado, por lo general desestima los valores más elevados y es más propenso a conducir al ser humano a la ceguera y al sueño.
lunes, 19 de abril de 2021
lunes, 3 de agosto de 2020
Ver con los ojos de Dios.
Quiero bañarme en agua cristalina,
empapar hasta mis huesos de conciencia divina.
Abrazar mi parte torturada
por el desprecio y los juicios.
No tener todos los días la mente en llamas
hablando de pena y desesperanza.
Quiero ver con los ojos de Dios la razón
de todo cuanto existe.
Y quiero extender una mano de sanación,
ofrecer respiros, dar compasión
a todo cuanto padezca de dolor,
sufra, llore o se pierda
en tanta incomprensión.
empapar hasta mis huesos de conciencia divina.
Abrazar mi parte torturada
por el desprecio y los juicios.
No tener todos los días la mente en llamas
hablando de pena y desesperanza.
Quiero ver con los ojos de Dios la razón
de todo cuanto existe.
Y quiero extender una mano de sanación,
ofrecer respiros, dar compasión
a todo cuanto padezca de dolor,
sufra, llore o se pierda
en tanta incomprensión.
sábado, 26 de octubre de 2019
J.
No sé si tus besos son mentira
si tu agua está estancada
si tu alma es impía
si tu voz es de la nada.
No sé si debo besarte
si debo alegrarme
si espero refugio
en tus brazos de carne.
Carne desalmada,
pero un verso limpio en tu mirada.
si tu agua está estancada
si tu alma es impía
si tu voz es de la nada.
No sé si debo besarte
si debo alegrarme
si espero refugio
en tus brazos de carne.
Carne desalmada,
pero un verso limpio en tu mirada.
miércoles, 21 de agosto de 2019
Sacrificio.
Tengo, tengo el sacrificio
de dar luces a los mendigos
a pesar de la tormenta que pueda caer.
Tengo, tengo en la mano
una pluma de ángel
que a veces pienso en devolver.
Tengo, tengo un sacrificio
que debo hacer.
Tengo todos,
o casi todos los dolores
que corren por el mundo.
Y yo lo que quiero es andar por él
aunque enrede las luces
que corren por mi cabeza,
que no sabes lo que me come la pena
por todo el daño que me hacen.
Pero...
es tanta la inercia que me lleva
a todo aquello que pueda suceder
que todo el amor que tengo
por el mundo
me dice que sigo teniendo
un sacrificio que hacer.
de dar luces a los mendigos
a pesar de la tormenta que pueda caer.
Tengo, tengo en la mano
una pluma de ángel
que a veces pienso en devolver.
Tengo, tengo un sacrificio
que debo hacer.
Tengo todos,
o casi todos los dolores
que corren por el mundo.
Y yo lo que quiero es andar por él
aunque enrede las luces
que corren por mi cabeza,
que no sabes lo que me come la pena
por todo el daño que me hacen.
Pero...
es tanta la inercia que me lleva
a todo aquello que pueda suceder
que todo el amor que tengo
por el mundo
me dice que sigo teniendo
un sacrificio que hacer.
sábado, 17 de agosto de 2019
Baile de esferas.
Este es un baile amoroso entre las distintas esferas que por nosotros esperan la dirección, el lugar y el momento adecuado para unirse, dividirse, acompañarse o destruirse.
lunes, 5 de agosto de 2019
El Colgado (XII) en la unidad psiquiátrica.
Es el séptimo día que estoy aquí.
Ya parece que el tiempo por momentos se detiene y el paso de las horas pesa cada vez más y más. Lo único que me anima es cuando llega la hora de comer algo: a las nueve, a la una, a las cinco, a las ocho y, por último, junto con la pastilla de la noche, un Colacao y galletas, a las once. Me anima eso y poder hacer cualquier cosa que se me ocurra en medio de esta nada para entretenerme el mayor rato posible. Y ya estoy cansada de ojear revistas una y otra vez. Cansada de las aburridas sopas de letras, de dormir sin necesidad, de querer escapar ya.
He conocido a gente y me he reído con ellos: William, de origen Cabo Verde nacido en el Bierzo; Ernesto, un hombre simpático y muy gracioso al que no he visto en sus peores momentos; Natalia, una mujer muy bella, traída aquí por el alcohol, y Mercedes. Mercedes es una señora de unos 80 años, hermosa, con cara de muy buena, una mirada brillante y un andar adorable. La primera vez que la vi me cogió dulcemente de la mano y me preguntó si iba con ella "a la piscina".
Carlos es el señor quejica más gracioso que he visto jamás, siempre con dolencias, siempre "fatal, fatal, fatal", pero al mismo tiempo también tremendamente adorable y un muy buen corazón a simple vista.
Javier el hombre más callado, reflexivo, observador y taciturno.
Aquí la impaciencia me patea más que de costumbre. No sé cómo llevarla, cómo calmarla. La noto como un sentimiento de angustia infantil, un nerviosismo inmaduro, pero no es demasiado grave. De todas formas supongo que es normal, no debo ser la única... si aquí no hay mucho que hacer, salvo tener que tranquilizarte a la fuerza. Ya he escrito un poema, he hecho dibujos, he tirado escritos a la basura y tirado dibujos a la basura; he hablado con la gente que apreciaré mucho en mi memoria, recortado revistas, leído lo que mi concentración me ha permitido, observado cosas... Es muy agotador sentirte estar haciendo nada. (Realmente no estaba no haciendo nada, estaba saneando mi mente.)
Las horas pesan y pesan y pesan. ¿Qué haré hoy el resto de la tarde? Qué bajón. Solo pienso en salir y eso en nada lo mejora...
Tengo ganas de que me vuelva a dar el sol, el viento, el calor y el frío de la calle. De volver a escuchar música con los cascos, comer lo que yo quiera, comprarme un pastel de chocolate al salir de aquí, comprar cualquier cosa. Ganas de teñirme el pelo otra vez, de maquillarme y vestirme para salir a sentarme en la barra del mismo bar..., hacer ejercicio, hacer la compra sana en el Mercadona... Y lo más importante: ganas de vivir. Ganas de empezar mi propia historia con mi propio bolígrafo y mis propias hojas en blanco, en Luxemburgo, estudiando y trabajando.
Ya parece que el tiempo por momentos se detiene y el paso de las horas pesa cada vez más y más. Lo único que me anima es cuando llega la hora de comer algo: a las nueve, a la una, a las cinco, a las ocho y, por último, junto con la pastilla de la noche, un Colacao y galletas, a las once. Me anima eso y poder hacer cualquier cosa que se me ocurra en medio de esta nada para entretenerme el mayor rato posible. Y ya estoy cansada de ojear revistas una y otra vez. Cansada de las aburridas sopas de letras, de dormir sin necesidad, de querer escapar ya.
He conocido a gente y me he reído con ellos: William, de origen Cabo Verde nacido en el Bierzo; Ernesto, un hombre simpático y muy gracioso al que no he visto en sus peores momentos; Natalia, una mujer muy bella, traída aquí por el alcohol, y Mercedes. Mercedes es una señora de unos 80 años, hermosa, con cara de muy buena, una mirada brillante y un andar adorable. La primera vez que la vi me cogió dulcemente de la mano y me preguntó si iba con ella "a la piscina".
Carlos es el señor quejica más gracioso que he visto jamás, siempre con dolencias, siempre "fatal, fatal, fatal", pero al mismo tiempo también tremendamente adorable y un muy buen corazón a simple vista.
Javier el hombre más callado, reflexivo, observador y taciturno.
Aquí la impaciencia me patea más que de costumbre. No sé cómo llevarla, cómo calmarla. La noto como un sentimiento de angustia infantil, un nerviosismo inmaduro, pero no es demasiado grave. De todas formas supongo que es normal, no debo ser la única... si aquí no hay mucho que hacer, salvo tener que tranquilizarte a la fuerza. Ya he escrito un poema, he hecho dibujos, he tirado escritos a la basura y tirado dibujos a la basura; he hablado con la gente que apreciaré mucho en mi memoria, recortado revistas, leído lo que mi concentración me ha permitido, observado cosas... Es muy agotador sentirte estar haciendo nada. (Realmente no estaba no haciendo nada, estaba saneando mi mente.)
Las horas pesan y pesan y pesan. ¿Qué haré hoy el resto de la tarde? Qué bajón. Solo pienso en salir y eso en nada lo mejora...
Tengo ganas de que me vuelva a dar el sol, el viento, el calor y el frío de la calle. De volver a escuchar música con los cascos, comer lo que yo quiera, comprarme un pastel de chocolate al salir de aquí, comprar cualquier cosa. Ganas de teñirme el pelo otra vez, de maquillarme y vestirme para salir a sentarme en la barra del mismo bar..., hacer ejercicio, hacer la compra sana en el Mercadona... Y lo más importante: ganas de vivir. Ganas de empezar mi propia historia con mi propio bolígrafo y mis propias hojas en blanco, en Luxemburgo, estudiando y trabajando.
INCERTIDUMBRE, PSICOSIS.
¿Qué es lo intangible
que escuda la materia?
¿Qué es lo que tiene la realidad
que es tan fiera,
guardado en su traicionero puño?
¿Es por su déspota parte,
de nuevo,
otro golpe más
en todos mis pobres piños?
¿Un insulto desvergonzado
por ser yo una energía sin calma,
inocente, ilusa?
(Ya basta.)
¿Qué hay de todo
lo que yo he soñado,
de los gritos desgarradores
que a la nada he pegado?
Pues me he destrozado por dentro:
una lágrima de sangre por cada minuto esperado.
¿Qué hay de que me haya recogido
en una esquina
a llorar como un niño?
¿Qué hay de que crea también
que en mí, aparte de mí, también,
aún puede mi alma albergar
un ser de luz,
amor
y razón?
02/08/19
que escuda la materia?
¿Qué es lo que tiene la realidad
que es tan fiera,
guardado en su traicionero puño?
¿Es por su déspota parte,
de nuevo,
otro golpe más
en todos mis pobres piños?
¿Un insulto desvergonzado
por ser yo una energía sin calma,
inocente, ilusa?
(Ya basta.)
¿Qué hay de todo
lo que yo he soñado,
de los gritos desgarradores
que a la nada he pegado?
Pues me he destrozado por dentro:
una lágrima de sangre por cada minuto esperado.
¿Qué hay de que me haya recogido
en una esquina
a llorar como un niño?
¿Qué hay de que crea también
que en mí, aparte de mí, también,
aún puede mi alma albergar
un ser de luz,
amor
y razón?
02/08/19
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