La Muerte observó a Tiara otra noche más, queriendo llevársela. Veía como sus pensamientos la hacían retorcerse, la hacían tirar de su ropa, como una niña en pleno berrinche, diciéndose, de nuevo, que no aguantaba más, que necesitaba salir de ahí, tirar a la basura los escritos personales que tenía para que después de todo el doloroso proceso nadie pudiese leer nada. Aquella noche de Luna Llena fue diferente, la mancha gris que flotaba sobre su cabeza se extendió nublándole la vista, acelerando su respiración y dificultándole pensar con claridad y darse cuenta de que aún le quedaban fuerzas para superar otro bache más. Ella lo sabía, pero lo negaba, lo negaba una y otra vez. Fue una noche traumática, turbulenta. Decidió salir a tirar sus escritos y a fumar en la playa, escribió a algún amigo en algunos intentos fallidos de buscar apoyo o salvación, pues a pesar de ser consciente de que nunca era capaz de encontrar nada que la liberase de su propio vacío y desesperación, siempre lo intentaba en momentos críticos. Realmente no quería morir, sabía que tenía que estar demasiado mal, demasiado machacada, demasiado peor de lo que estaba en ese momento para tomar la decisión e irse con Ella. La Muerte hacía lo que le daba la gana cada vez que se le aparecía como única solución entre otras tantas. Se enquistaba en su mente y crecía, ocupando a cada rato más espacio en su cabeza, era como el rebrote de una enfermedad, a la vez que una tentadora idea. Tras salir a caminar, dormir, y volver a ver la luz del día siguiente, Tiara volvió en sí, pues decidió darse algo más de tiempo antes de huir definitivamente, sabía que lo necesitaba. Sin embargo, el deseo de acabar con su vida aún corría descabellado entre sus ideas. Lo que le echó hacia atrás, una vez despejados sus pensamientos, fue ser realista con la situación, y no precisamente su situación general, sino el proceso que debería sufrir su cuerpo si alguna vez llegase a matarse con ese cuchillo que guardaba en la mesita de noche como un recordatorio. Primero, tendría que ejercer la fuerza suficiente en un intenso golpe en su estómago, no sabía si la tenía, lo mismo que la suficiente valentía. Tendría que aguantar el dolor, sin gritar, para que su compañero de piso no la escuchase y su plan se fuera al garete. Tendría que sentir sus órganos siendo atravesados por ese filo. Tendría que decidir si sacar o mantener el cuchillo dentro, ¿cuál sería la mejor opción para que el cuerpo perdiese sangre antes? Tendría que esperar y esperar hasta desangrarse, hasta que su corazón dejara de latir, hasta que ya no sintiese el horrible frío que produce quedarse seca... Tendría que hacer muchas cosas aún más dolorosas que seguir adelante en una vida cruel, pero finalmente interesante.
sábado, 19 de febrero de 2022
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