Ojalá hubiese dependido de mi voluntad poder haber cambiado mi condición. Lo intenté en más de una ocasión, acabando siempre en rotundo fracaso.
Es complicado entenderme y todavía no sé si con este texto puedo expresarlo más claramente y ayudar a que por lo menos, quienes me conozcan y sepan de las dificultades que he tenido para hacer vida normal en tan temprana edad, puedan hacerse una idea; ahora que lo veo desde una perspectiva diferente y logrando salir de ese estado.
Se trata del típico "si no lo has vivido no lo puedes entender".
Demasiadas veces intenté describirlo, aún sabiendo que mis palabras serían en vano, porque era consciente de que lo que me pasaba no era de lo más común. El hecho de no conseguir nunca explicarme de manera que la otra persona pudiese ponerse en mi lugar, me hacía sentir muy diferente y frustrada. Antes de empezar a hablar ya daba por hecho que no me iba a valer la pena mencionar el asunto, ni mencionar nada relativo a mi vida.
Demasiadas veces me dijeron "busca algún hobbie", "haz algo", "pon de tu parte", "no exageres". Ojalá por 5 minutos se pudiesen haber puesto en mi cuerpo y observar lo que era y todavía sigue siendo (aunque mejorando en consideración con el paso del tiempo) mi apatía.
Este estado se fue asentando en mí de forma progresiva a partir de los 14 años, cuando tuve un año bastante duro en el instituto y en la vida en general, consistente en el aislamiento total, de mi ser y del exterior.
El rechazo inconsciente hacia todo cuanto existe, hacia mí misma, mi familia, mis circunstancias, mi vergüenza de ser, mi realidad circundante... me desconectaron del mundo.
Desaparecí del corazón y me encerré en la cabeza.
Imagina no ser capaz de concebir el significado de cualquier palabra que exprese algo relacionado con las emociones. Que "tristeza", "alegría", "tener ganas de", "pasarlo bien/mal", "gustarte x cosa", "querer a x persona", "no aguantar x", y todo eso, sean únicamente una sucesión de letras, nada más. Todo insignificante, indiferente. Simplemente recuerdos enterrados, algo ya inexistente, pasado, difícil de volver a conectar con esas sensaciones.
No tener deseos de ningún tipo. Ya sean materiales, como querer tener cosas que te hagan feliz, vestir ropa que te haga sentir bien, querer comer algo que te apetezca...; sexuales, como atracción por las personas o deseo sexual general; o ganas de hacer cualquier otra cosa que reporte bienestar.
No poder engancharte a ninguna serie o prestar atención de forma satisfactoria a una película. Que solo representen una sucesión de sucesos con apenas algún significado que te haga mutar tu pensamiento o sentimiento, sin sentir que hayas hecho algo llenador de ninguna manera. Es algo más para hacer pasar el vacío tiempo.
No disfrutar de la música... Oír una sucesión de sonidos, sin significado, sin orden, sin lógica de disposición o lógica en la existencia de estribillos. La apatía me hacía pasar el rato analizando lo máximo posible, con únicamente la cabeza, qué querría decir todo eso, y pensar qué sentirían las personas que sí llegaban a apreciar y conectar con la música. Me daba miedo que alguien se enterase de lo diferente e inferior que me sentía por haber perdido esa capacidad.
No tener motivación ni para levantarte de la cama. Porque absolutamente todo te da igual ya. Piensas en que quizás, en un futuro, puedas cambiar el curso de tu vida, pero por ahora, todo te importa un bledo porque te sientes incapacitada, como falta de alguna extremidad, una pierna, o las dos. Te sientes bloqueada, intentas hacer cosas pero es imposible, absolutamente imposible. Nada, absolutamente nada te hace volver al recuerdo de lo que era vivir los días con alegría, con esas ganas en las mañanas que acompañas de un pensamiento como de "a ver qué haré hoy".
Tener el cuerpo siempre aletargado. Tener siempre sueño, nunca sentirte del todo despierta.
No tener nunca energía suficiente, ni para hacer tareas cotidianas, ni para disfrutar de estar tumbada o sentada haciendo algo placentero. El placer dejó de existir, al igual que el dolor.
No poder ser perturbada por ningún suceso que por lo general suele generar emociones desagradables. Volverte fría como el hielo.
Solo sentir cierta rabia cuando alguna cosa no sucede como esperas.
Tener siempre una pereza extraña, como si no te importase levantarte y hacer cosas porque todo te da lo mismo, pero sientes un peso enorme a la espalda y sabes que si pones un pie en el suelo te va a costar la vida llevar a cabo aquello que tenías en mente empezar, y aunque no te aporte nada positivo, prefieres estar tumbada, desperdiciando el tiempo en internet o mirando por la ventana preguntándote cuándo llegará el día en que todo este insoportable no existir termine.
No sentir diferencia alguna entre las horas durante el transcurso del día, diferencia entre los días, las semanas, los meses... Encontrarte siempre en un mismo estado prácticamente inalterable. Ver salir y ponerse el sol a diario con la mayor indiferencia posible.
Era como estar muerta en vida.
Todavía estoy buscando esa conexión con el mundo. Estoy necesitando de invertir esfuerzo en desarrollar la paciencia para resurgir en mi ser esencial, en mi alma, en el amor que me va a hacer crecer, vivir en paz y por fin liberarme de las propias ataduras que en un espacio y tiempo distintos decidí imponerme a mí misma para poder renacer aquí, limpia y clara como el agua, y expresar los valores y sentimientos más elevados y puros del ser humano. El Amor me va a hacer volver a disfrutar del simple hecho de estar viva y poder respirar este aire.
Trabajo internamente a diario para poder ver el mundo con otros ojos. Para sentirme distinta en mi cuerpo y mente. Para poder ser feliz, ser yo misma. Y darme cuenta de que la vida es algo inmensamente valioso y sagrado.
martes, 6 de febrero de 2018
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