viernes, 2 de febrero de 2018

Flor entristecida.

Qué bonita flor marchita tengo ante mis ojos.
No dudaría en dejar de parpadear por si la corriente que levantan mis pestañas hiciese que sus grises pétalos se agitasen ligeramente, acortando el tiempo que quede hasta que agotados, decidan rendirse y caer a este suelo.

¿Qué haces tú,
tan preciosa,
con la cabeza agachada?
¿Se olvidaron de regarte?
¿El Sol de saludarte?
¿La brisa de canciones traerte?
¿Los insectos
dejaron de querer hablarte?
Cuando tus raíces se fueron secando,
quebrando,
¿no quisieron entenderte?
¿Y sin saber qué hacer,
tu vida decidió dejarte?

Mi bonita flor,
no llores por tus últimos días.
Serás parte de la tierra de la que nacimos todos.
Parte de la tierra de la que nacerán nuevas especies
a las cuales tú ayudarás a crecer.
A las cuales tú no envidiarás,
porque parte de ellas serás.
Sabrás que debes protegerlas,
de los peligros alertarlas,
cuidarlas en los malos tiempos.
Decirles que hermosas son,
pero que aprovechen la embellecedora luz
de los días.
Amarlas, 
como amaste tu cuerpo
solo al ver que desaparecía...

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