martes, 9 de julio de 2019

Un balcón, ¿qué está pasando abajo?

Lo que escribo a continuación puede parecer bastante más dramático de lo que es en realidad, porque tampoco lo sufro tanto. Pero así es mi vida.
Los cambios tanto los necesito y me gustan como me hacen sentir toda la inseguridad que aún habita en mí, como una garrapata agarrada a mis espaldas desde el día en que nací.
Estoy luchando contra ello todos los días. Me hace preguntarme si realmente valgo lo que valgo, solo por dudar justamente de ello, y por balancearme de continuo entre el respetarme a mí misma y no.
No soy capaz de tomar decisiones firmes, porque no entiendo del todo el valor de la existencia. En mi adolescencia llegó un momento en el que esa especie de control remoto que hace moverse a las personas por una razón inexacta a través de la vida, dejó de funcionar. Algo de esperanza o, mejor dicho, procrastinación, se atisbaba en un rincón de mi mente, porque sabía que "la vida es larga". Por eso nadie me veía del todo mal.
Y ahora esta decisión tan aparentemente simple por lo mismo que tiene de radical, que se resume en una sencilla frase: "me mudo a este otro país", está conllevando ponerme a prueba en varias cuestiones: ¿vale la pena correr un riesgo tan grande por tu felicidad?, ¿realmente la vale tener que trabajar tanto por ti mismo y apostar por la vida?, ¿no sería más fácil morirme en esta cama en esta ciudad, y ya está?
Es la prueba mirándome fijamente de frente y el gran miedo a la incertidumbre, mezclados con la energía de ser joven y las ganas de romper con lo conocido lo que me tiene abrumada estos días.
Me siento de nuevo deprimida y pensando en si la ignorancia que siento respecto a las cosas, cuando no estoy así, es un simple velo para no sufrir más de lo que debería, ¿soy débil? No, lo que pasa es que no es tan fácil ser feliz.

viernes, 28 de junio de 2019

Arder en ti.

Arder en tu hoguera
es todo lo que necesito.
Es todo lo que ruega
lo poco que me queda
del alma mía.
Del aliento perdido.
Consumirse en el abismo de tus pupilas
hasta desvanecer en tus brazos.
Es todo lo que necesitan mis dos trozos
de sombra dividida.

lunes, 24 de junio de 2019

Oh, agua.

Mi sed
se ahoga
en un montón de arena,
en un montón de ardiente y seca tierra
que hace hervir mi sangre
y estruja mis entrañas
haciéndome vomitar ansiedad e impotencia
ante lo que dices que es
una simple broma.

No hay agua,
no hay nada que beber
para calmar
esta inoportuna y persistente sed.

jueves, 13 de junio de 2019

Hell under water.

Estamos unidos, pero en la Muerte. Unidos en esa parte escorpiana, plutónica, de nuestras almas.
En el fondo de los fondos de los océanos de este planeta, lejos y hundidos, yo soy la luz de dentro de la Tierra y tú el agua.
Estamos separados, también unidos, jamás juntos.
Nunca podré llegar a ti de esa manera porque no puedo iluminarte, por los poros de tu piel no paso. Tu piel está hecha a la noche, a caminar por las paredes de una habitación cerrada, como una araña, entre penumbras.
Eres más sombra que hombre y ni mis dedos ni mi entendimiento llegan hasta ahí. ¿Tu entendimiento llega hasta mí?
Menos mal que aquí estamos apartados el uno del otro por el tiempo, sino, después de todas las experiencias, tu alma habría acabado absorbiendo la mía.
La mía se habría dejado absorber, sucumbida, enamorada de la oscuridad.
Tu hambre habría roto todas las leyes, yo habría sido partida, degollada, sacrificada, suicidada.
Habría sido inevitable impedir los trágicos finales que puede desencadenar en la realidad una sola perturbación del equilibrio universal, que es sagrado e infranqueable.
Jamás habría pasado.



miércoles, 5 de junio de 2019

La libertad de Sagitario.

¿Qué sentido tiene llorar en el funeral del fantasma de tu cabeza?

Es duro desprenderse de expectativas, de futuros dibujados en papel de mentira, de planes planeados, de idealismos, de sueños que creímos premonitorios. ¿De qué otra manera podemos ser libres?

Libres de etiquetas, del sueño inconsciente, de la tristeza, de los miedos... Libres de nosotros, de nuestro cuerpo, de nuestro propio encierro.

jueves, 30 de mayo de 2019

Reseña del curso "Gérmenes de infelicidad" del Teléfono de la Esperanza.


Comencé este curso creyendo, en la primera reunión, que el nombre era “Los gérmenes de la felicidad”, por haber leído mal, o por no querer creer que un curso de autoayuda pudiese tener un nombre tan “poco atractivo”. Sin embargo, durante el transcurso del mismo, caí en la cuenta de la gran importancia que tiene estar bien informados de aquellas conductas y comportamientos nocivos que casualmente muchos compartimos y de los que no somos conscientes, pero no nos permiten lograr el estado de bienestar y calma internos que añoramos de manera constante.

Cuando llegué al primer encuentro solamente vi un grupo de personas desconocidas. Bastó muy poco tiempo para que pudiese cambiar todo en un solo día. Cuando llegamos al lugar provisional de reunión mientras la nueva sede del Teléfono de la Esperanza estaba en obras, comenzamos enseguida un ejercicio sencillo y rápido para conocernos, consistente en, si no recuerdo mal, decir unas cinco cosas sobre uno mismo. Después comentamos entre todos lo que sacamos en claro sobre la impresión que nos había dado la forma de ser de cada uno de los que estábamos allí. ¡Con qué facilidad se me abrieron los ojos! Vi de repente, y con mucha claridad, que no era la única con tormentos internos.
María, al ir finalizando el encuentro, dijo exactamente lo mismo que yo había concluido esa mañana: vas por la calle y todo el mundo parece estar “feliz”, tener andares ligeros y ninguna preocupación, pero no sabes qué puede estar pasando por la cabeza de cualquier persona, todos tenemos problemas, todos tenemos nuestra propia lucha, nuestra propia misión.

Estaba en una temporada en la que me sentía, para variar, especialmente sola. Ese día mi soledad se mitigó un poco, me sentí acompañada. No me hizo falta haber estado hablando demasiado tiempo con nadie y… me sentí comprendida. Isabel me cogió de las manos y me dijo que mi presencia allí haría muy bien (casi se me saltaron las lágrimas). Me fui con la certeza de querer continuar con ellos hasta el final del curso, y sorprendida con la hermosa sensación que tenía de que algo había cambiado dentro de mí.

Con cada uno de los temas semanales, lo que hemos aprendido nos ha ayudado a investigar en nosotros y nosotras mismas para sacar a la luz nuestras preocupaciones personales y sincerarnos con y entre nosotros. Nos hemos convertido en un grupo en el cual se ha creado un sentimiento muy bonito de confianza y apoyo mutuos, un grupo de personas con una voluntad común: trabajar en nuestra propia felicidad. Y durante el tiempo que ha durado esta experiencia, se ha formado una especie de paréntesis en nuestras vidas en el que hemos podido trabajar a fondo y, lo mejor de todo, en compañía.

Un paréntesis en esta etapa de mi vida que es muy valioso e importante para mí y recordaré con mucho cariño.

Muchísimas gracias, María Elena, Reyes, María, Isabel, Patricia y Javier. Ha sido un enorme placer haberos conocido y haber podido disfrutar de este curso a vuestro lado.

¡Espero que nos volvamos a reunir pronto!


(Será publicado en http://telefonodelaesperanzaenleon.blogspot.com)

sábado, 4 de mayo de 2019

Aborto.

Quiero matar el concepto del tiempo.
Quiero desatar los nudos que me unen a esta realidad.
Quiero quitarme la cara, el cuerpo, el nombre, los años, la mente.
Quiero flotar en el limbo,
no ser de nadie,
de nada.
Ser desconocida,
estar desaparecida,
no ser recordada.
No guardar rencores,
no acordarme de mis experiencias.
Olvidar todo este mundo,
todas mis locuras,
todos mis pensamientos.
Quiero ser nada.

El ego en la New Age presente.

La ira y el odio que me produce observar la falta de consciencia de las personas que lideran o tratan de liderar en el mundo de la espiritua...