sábado, 17 de agosto de 2019

Baile de esferas.

Este es un baile amoroso entre las distintas esferas que por nosotros esperan la dirección, el lugar y el momento adecuado para unirse, dividirse, acompañarse o destruirse.

lunes, 5 de agosto de 2019

El Colgado (XII) en la unidad psiquiátrica.

Es el séptimo día que estoy aquí.
Ya parece que el tiempo por momentos se detiene y el paso de las horas pesa cada vez más y más. Lo único que me anima es cuando llega la hora de comer algo: a las nueve, a la una, a las cinco, a las ocho y, por último, junto con la pastilla de la noche, un Colacao y galletas, a las once. Me anima eso y poder hacer cualquier cosa que se me ocurra en medio de esta nada para entretenerme el mayor rato posible. Y ya estoy cansada de ojear revistas una y otra vez. Cansada de las aburridas sopas de letras, de dormir sin necesidad, de querer escapar ya.
He conocido a gente y me he reído con ellos: William, de origen Cabo Verde nacido en el Bierzo; Ernesto, un hombre simpático y muy gracioso al que no he visto en sus peores momentos; Natalia, una mujer muy bella, traída aquí por el alcohol, y Mercedes. Mercedes es una señora de unos 80 años, hermosa, con cara de muy buena, una mirada brillante y un andar adorable. La primera vez que la vi me cogió dulcemente de la mano y me preguntó si iba con ella "a la piscina".
Carlos es el señor quejica más gracioso que he visto jamás, siempre con dolencias, siempre "fatal, fatal, fatal", pero al mismo tiempo también tremendamente adorable y un muy buen corazón a simple vista.
Javier el hombre más callado, reflexivo, observador y taciturno.
Aquí la impaciencia me patea más que de costumbre. No sé cómo llevarla, cómo calmarla. La noto como un sentimiento de angustia infantil, un nerviosismo inmaduro, pero no es demasiado grave. De todas formas supongo que es normal, no debo ser la única... si aquí no hay mucho que hacer, salvo tener que tranquilizarte a la fuerza. Ya he escrito un poema, he hecho dibujos, he tirado escritos a la basura y tirado dibujos a la basura; he hablado con la gente que apreciaré mucho en mi memoria, recortado revistas, leído lo que mi concentración me ha permitido, observado cosas... Es muy agotador sentirte estar haciendo nada. (Realmente no estaba no haciendo nada, estaba saneando mi mente.)
Las horas pesan y pesan y pesan. ¿Qué haré hoy el resto de la tarde? Qué bajón. Solo pienso en salir y eso en nada lo mejora...
Tengo ganas de que me vuelva a dar el sol, el viento, el calor y el frío de la calle. De volver a escuchar música con los cascos, comer lo que yo quiera, comprarme un pastel de chocolate al salir de aquí, comprar cualquier cosa. Ganas de teñirme el pelo otra vez, de maquillarme y vestirme para salir a sentarme en la barra del mismo bar..., hacer ejercicio, hacer la compra sana en el Mercadona... Y lo más importante: ganas de vivir. Ganas de empezar mi propia historia con mi propio bolígrafo y mis propias hojas en blanco, en Luxemburgo, estudiando y trabajando.

INCERTIDUMBRE, PSICOSIS.

¿Qué es lo intangible
que escuda la materia?

¿Qué es lo que tiene la realidad
que es tan fiera,
guardado en su traicionero puño?

¿Es por su déspota parte,
de nuevo,
otro golpe más
en todos mis pobres piños?

¿Un insulto desvergonzado
por ser yo una energía sin calma,
inocente, ilusa?

(Ya basta.)

¿Qué hay de todo
lo que yo he soñado,
de los gritos desgarradores
que a la nada he pegado?

Pues me he destrozado por dentro:
una lágrima de sangre por cada minuto esperado.

¿Qué hay de que me haya recogido
en una esquina
a llorar como un niño?

¿Qué hay de que crea también
que en mí, aparte de mí, también,
aún puede mi alma albergar
un ser de luz,
amor
y razón?


02/08/19


sábado, 20 de julio de 2019

¿Baja autoestima?

Pocas veces lo soy todo para mí. Otras no me siento nada. A veces me veo grande y alta, otras escurrida, esmirriada. Hay veces en las que podría levantarte la voz, dar con el puño en la mesa, arder en llamas y odiar, odiar... hasta consumirme en mi propia garganta. Pero no, la mayoría de veces solo callo, asiento, hago como que te entiendo, y te perdono. Pues de ese modo se podría evitar cualquier tipo de herida, de dolor, de guerra. Podría comerme el mundo y todo eso, pero a veces alguna fuerza me falla. Y me detesto, me odio, me siento una vergüenza y me recojo en la cama. Para no cuestionarme más, intento no hacer nada. De tanto luchar con el sol y la sombra hay veces que se me cae el aliento al suelo y sencillamente me quedo parada: ni veo ni escucho ni quiero ser, solo...

miércoles, 17 de julio de 2019

Si el diablo tiene piedad...

Si el diablo tiene piedad
con nosotros,
dejará que la abrasadora e hirviente luz
que ha quemado y curado
el escozor y la sangre de mis heridas
sea eclipsada por tu extraño cuerpo
para que después,
de mi carne y mis huesos,
queden polvo y joyas
que tú puedas guardar en el pecho.

martes, 9 de julio de 2019

Un balcón, ¿qué está pasando abajo?

Lo que escribo a continuación puede parecer bastante más dramático de lo que es en realidad, porque tampoco lo sufro tanto. Pero así es mi vida.
Los cambios tanto los necesito y me gustan como me hacen sentir toda la inseguridad que aún habita en mí, como una garrapata agarrada a mis espaldas desde el día en que nací.
Estoy luchando contra ello todos los días. Me hace preguntarme si realmente valgo lo que valgo, solo por dudar justamente de ello, y por balancearme de continuo entre el respetarme a mí misma y no.
No soy capaz de tomar decisiones firmes, porque no entiendo del todo el valor de la existencia. En mi adolescencia llegó un momento en el que esa especie de control remoto que hace moverse a las personas por una razón inexacta a través de la vida, dejó de funcionar. Algo de esperanza o, mejor dicho, procrastinación, se atisbaba en un rincón de mi mente, porque sabía que "la vida es larga". Por eso nadie me veía del todo mal.
Y ahora esta decisión tan aparentemente simple por lo mismo que tiene de radical, que se resume en una sencilla frase: "me mudo a este otro país", está conllevando ponerme a prueba en varias cuestiones: ¿vale la pena correr un riesgo tan grande por tu felicidad?, ¿realmente la vale tener que trabajar tanto por ti mismo y apostar por la vida?, ¿no sería más fácil morirme en esta cama en esta ciudad, y ya está?
Es la prueba mirándome fijamente de frente y el gran miedo a la incertidumbre, mezclados con la energía de ser joven y las ganas de romper con lo conocido lo que me tiene abrumada estos días.
Me siento de nuevo deprimida y pensando en si la ignorancia que siento respecto a las cosas, cuando no estoy así, es un simple velo para no sufrir más de lo que debería, ¿soy débil? No, lo que pasa es que no es tan fácil ser feliz.

viernes, 28 de junio de 2019

Arder en ti.

Arder en tu hoguera
es todo lo que necesito.
Es todo lo que ruega
lo poco que me queda
del alma mía.
Del aliento perdido.
Consumirse en el abismo de tus pupilas
hasta desvanecer en tus brazos.
Es todo lo que necesitan mis dos trozos
de sombra dividida.

El ego en la New Age presente.

La ira y el odio que me produce observar la falta de consciencia de las personas que lideran o tratan de liderar en el mundo de la espiritua...